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Persiguiendo el Cauca

Feb 20, 2014 Invitad@

Por: Tatiana Acevedo

No para hacer un relato sobre la gente, por una parte, y en el río (los animales, las matas y el agua que lo conforman), por otra. Sino para pensar en la relación. Como explica Richard White en su libro sobre el río Columbia, la biografía de una mujer, sumada a la de su marido, no da cuenta de la historia del matrimonio. Así, para observar la forma en que Antioquia, el Valle o el país cambian, hay que preguntarse por las relaciones de pobladores con el río Cauca.


En el norte antioqueño, entre los municipios de Ituango y Briceño, 800 personas trabajaron durante dos años para desviar el río. Obreros cavaron túneles para encauzar el río, secar parte de su lecho y construir el embalse de Hidroituango. A ingenieros y obreros les esperan otros cuatro años de trabajo. Del encuentro diario entre ellos y el río, no sólo resulta nueva infraestructura, sino también nuevos conocimientos en ingeniería (que acabarán por ser enseñados en universidades del país).
Otra es la relación de los mineros artesanales con estas aguas. Los barequeros (muchos desplazados por la gran minería en otras partes del departamento) usan matraca, tarro, pala, pica y batea. Sacan la tierra de las playas del río, y la lavan hasta separar el oro. Trabajan con pies y manos dentro del Cauca, pero con la futura represa deberán alejarse de él. Aproximadamente dos mil de entre ellos se han opuesto al proyecto.
También están los distintos ambientalistas. Mientras algunos fueron a Medellín a protestar, otros vinieron de Medellín y persiguieron la obra de desviación, recogiendo a los peces que iban quedando atrás, en charcos o pozos panditos. Devolviéndolos al río.
Para la EPM la relación es de energía eléctrica (el Cauca generará el 17 por ciento de la energía del país), inversiones, ganancias. Para algunos políticos (y el Eln) la relación serán las regalías. Otros dirigentes vaticinan para sus municipios problemas o un futuro en el turismo. Muchos colombianos con modos bajarán la ventana para maravillarse con la represa en viajes por carretera. Muchos la navegarán. Los frentes de las Farc que hacen presencia en la zona han sembrado minas alrededor. Y los Urabeños declararon hace un año que las playas y el río, en ese tramo, eran suyos.
Más abajo en el mapa nacional (o más arriba desde la perspectiva del río y su correr), esta y otras bandas criminales usan algunos tramos como autopista. Urabeños, Rastrojos, Buenaventureños, Parabólicos y Lecheros han recorrido el Cauca, saliendo por la noche desde Cali para traficar armas y drogas.

“Armamento largo, subametralladoras, pistolas automáticas y sustancias psicoactivas”, denunció un miembro de la Policía mientras señalaba la importancia de fundar un “CAI fluvial”. Aunque habrá en estos grupos quien se declare propietario, el río no es de ellos. Los lleva y los mece. Los trampea, los inunda y los insola. Los muerde o los hunde. Pero no les pertenece.
Estas bandas, radicadas en Cali, beben el agua del río que navegan. También beben de esta agua el alcalde y las autoridades policiacas. En las orillas la Unidad Nacional de Intervención Policial y el Grupo contra Objetivos de Alto Valor vigilan por la noche el Cauca. Lo observan con la luz que, dentro de poco, el mismo río producirá.

Columna publicada en el espectador el 20 de febrero y en la pagina web: http://www.elespectador.com/opinion/persiguiendo-el-cauca-columna-476116