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Give me back, San Andres

Mar 07, 2011 Indepaz

En San Andrés y en Providencia está ocurriendo lo mismo que está ocurriendo en Tumaco o Buenaventura o en el departamento de Córdoba. Los puertos se llenaron de narcos, paras y crimen organizado. 

Hoy 4 de marzo, desde las 9.30am, se llevó a cabo en la isla “una manifestación pacífica convocada por líderes espirituales, gremiales y miembros de la comunidad que exigen respeto a la vida y retorno de los valores sobre los cuales se construyó la sociedad isleña” (Texto de convocatoria). Aún no conozco balances de la jornada.

En el imaginario que tenemos los continentales sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia en Colombia, es el hoyo soplador, el paseo a Johnny Key, la vuelta a la isla en moto, la perplejidad de sumergirse en el mar para observar corales y lo barato que son los perfumes y el whisky. En San Andrés y en Providencia está ocurriendo lo mismo que está ocurriendo en Tumaco o Buenaventura o en el departamento de Córdoba. Los puertos se llenaron de narcos, paras y crimen organizado.

Desde la apertura económica en los años noventa el archipiélago era la zona franca preferida por nacionales e extranjeros. Sin embargo, con el crecimiento del negocio internacional de las drogas, en el archipiélago empezó a ser más rentable transportar coca que vender perfumes. De la mano de la coca, van las armas y quienes operan las armas. La delincuencia organizada, el consumo y la desintegración del tejido social.

Esta semana coincidí en Bogotá, con una reunión de valientes líderes isleños. Vi y sentí en sus caras y en sus expresiones mucha preocupación sobre el futuro de esa parte de país que todos creíamos libre del pecado de la guerra.

La información que presentaron las organizaciones, conducen a pensar que en San Andrés el desastre es eminente. En el archipiélago no hay cifras de nada. Colombia se ha caracterizado por ser un país maestro y artífice en la elaboración de estadísticas sobre desplazados, amenazados, paras, narco paras, narco políticos entre otros. Para las islas no existen registros de asuntos tan elementales como el porcentaje de la población infantil y juvenil raizal; no existen datos exactos sobre el número de desmovilizados que fueron trasladados por el anterior gobierno nacional a las islas; todos saben que el tráfico de coca por el Caribe pasa por las islas y que están custodiando estas rutas algunos miembros como los urabeños; todos saben que algunas instituciones están al servicio de la delincuencia. Todos saben que los niños y niñas tienen en su imaginario, hacer el trip “por ochenta millones de pesos vale la pena”.

Lo que pasa en San Andrés no es nuevo. Es un asunto que tiene muchos años de historia. Ahora sabemos de esto, porque los muertos cada vez son más. Esperemos que todas las gestiones que las organizaciones sociales se están planteando logren sus cometidos y ganen aliados en las instituciones y en los países amigos de la paz en Colombia. Estaremos atentos y dispuestos.

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