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La defenestrada de Don Sebastián de Belalcázar

Sep 19, 2020 Camilo Gonzalez Posso

– Desde 1613 los indígenas han reclamado El Morro de Tulcán como sitio sagrado –

 Notas de Camilo González Posso

Presidente de Indepaz.

Foro convocado por el Centro de Memoria étnica

Universidad del Cauca, 18 de septiembre de 2020.

El desmonte de la estatua de Sebastián de Belalcázar, este 16 de septiembre de 2020, es parte de un conflicto y de una reivindicación que comenzó con la llegada brutal de los conquistadores al Valle de Pubenza.

Como lo recuerda la historiadora Misak Mama Liliana Pechene Muelas, esta reivindicación, del hoy llamado Morro de Tulcán como sitio sagrado, tuvo un hito critico en 1613 cuando el Rey Felipe V ordenó iniciar la imposición de la fe cristiana con el Vicariato en Popayán. Esa llamada evangelización comenzó destruyendo el sitio ceremonial de la Confederación de los 22 pueblos de esta región que iba desde el sur del Valle hasta el nudo de los pastos.

Según Liliana Pechené, en los archivos de Sevilla, Quito y Lima están los pergaminos en los cuales la Corona declara ese sitio como lugar satánico. En realidad, era un importante centro ceremonial, de salud y encuentro espiritual. Fue dirigido en su época por la cacica Yasgüén, médica tradicional que tenía influencia hasta el norte del imperio INCA. De Yasgüén se dice que tenia la capacidad espiritual de mantener comunicación mental con los sabios del sur del continente.

Cuando llegaron los españoles a ocupar estas tierras destruyeron sitios sagrados y bienes de un pueblo organizado que había llegado 1000 años atrás. Chocaron con las fuerzas de la Confederación y el liderazgo de los caciques Payán, sus hijos Kalambas y Pubén y las cacicas Machangara y Yasgüén. El historiador Diógenes Patiño también documenta esta dimensión.

(En homenaje a Machangara se llamó con su nombre al Aereopuerto de Popayán, con el respaldo de los estudios del historiador Diego Castrillón Arboleda, hasta que hace como 30 años un gobernador le cambio el nombre por el de Guillermo Leon Valencia).

Hace 403 años las tropas del Rey ocuparon el cerro en donde 600 años atrás lo pubenences habían construido un sitio sagrado de encuentro y, según historiadores, aprovechando las colinas del lugar habían erigido una pirámide con trabajos que duraron 400 años. En nombre de Cristo los colonizadores demolieron los símbolos de los pueblos confederados. Eso desató una intensa lucha en la cual los seguidores de la confederación retomaron el sitio, pero fueron reprimidos a sangre y fuego.

Desde entonces a hoy, durante más de cuatro siglos, el Morro ha seguido siendo un lugar de referencia y un sitio sagrado. Por eso fue gigante la protesta cuando en 1940 se rompió el compromiso de colocar en el Morro una estatua de Payán y en su lugar montaron la escultura italiana de Belálcazar. Esa afreta se mantuvo a pesar de la protesta.

Trepararon en El Morro una estatua encargada en Italia al escultor Victorio Macho (1937) quien la copió de otra que le dedicaron a un notable en Venecia en 1927. Gustavo Vivas, desde Valencia España, dice que el caballo es una copia de Bibieca el del Cid y se ha mostrado que el jinete en realidad es copia de otra estatua italiana pues Belalcazar no era alto. En ese año 1939 trajeron por Buenaventura dos estatuas, la que hoy esta en Cali con un caballero en plan de batalla y la de Popayán a la cual le cambiaron la espada por un pergamino cuyo texto nadie ha leído. Los ilustres de Popayán, expertos en heráldica, le pusieron pergamino a la estatua pensando que era más acorde con la plazoleta de la iglesia de San Francisco en donde se le dijo al escultor que sería ubicada. El poeta Guillermo Valencia, que inicialmente quería reconocer los derechos de los indígenas, aceptó el cambiazo promovido por el racismo dominante y se limitó a decir “hay que dejar a los necios con sus necedades, hicieron de una obra de arte un pisapapel”. Debe ser Víctor Paz quien dijo que “El caballo les pareció muy grande para ponerlo frente a la iglesia y el cacique Payán muy poca cosa para dejarlo en un cerro tan alto”.

Así que lo que hoy está ocurriendo tiene un significado profundo. Estamos en época de Re – significación de la memoria. Y en Colombia y en el mundo hay un movimiento social de reivindicación histórica contra el racismo y la esclavitud; pero en este caso de la defenestrada del conquistador lo que ha ocurrido es una acción hacia la recuperación de una pirámide ceremonial de los pueblos indígenas como parte de una lucha de siglos por hacer respetar sus derechos y borrar una afrenta a la dignidad y a una memoria de milenios.

El alcalde de Popayán se apresuró a decir el mismo 16 de septiembre que en respuesta al acto violento promovido por los Misak harían lo necesario para restaurar la estatua en el sitio que ha ocupado durante ochenta años. Como muestra de determinación mandaron una retroexcavadora a abrir camino en el cerro, precisamente por el costado en donde hace 60 años los científicos de la Universidad del Cauca hicieron excavaciones arqueológicas y encontraron evidencias de la construcción indígena. Afortunadamente el ICHAN paró ese acto de barbarie y las autoridades locales parecen girar hacia el dialogo más que a una escalada de confrontación.

Pero, entre tanto, un grupo anónimo de indignados que se reclaman descendientes de Belalcázar y de las tradiciones hispánicas, han llamado a formar comandos, a prepararse para una guerra racial contra las pretensiones de los indígenas y anuncian armas e incendios como respuesta al intento de retoma de la pirámide ceremonial. Ya intentaron incendiar la sede del CRIC en Popayán como respuesta a un bloqueo de la panamericana hecho por la Minga en un movimiento de protesta y tal vez no lleguen al paramilitarismo de otros tiempos. Otros, la mayoría de los habitantes de Popayán y del Cauca están llamando a aprovechar el momento para realizar un gran diálogo intercultural sobre la importancia del Morro de Tulcán que hoy ha sido rebautizado como PIRAMIDE CEREMONIAL o MORRO DE PAYAN.

La iniciativa de la Universidad del Cauca de realizar un proceso de diálogos académicos sobre el tema general de la memoria y la paz territorial puede ayudar a construir un espacio de reflexión seria sobre el tema de la Pirámide de Payán y en términos más generales sobre los símbolos y lugares de memoria en esta época de transición al posconflicto y construcción de paz.

En esa dirección de resituar las memorias y aportar al esclarecimiento de las verdades, se está promoviendo en el Cauca la Red de Iniciativas de Memorias Diversas que se relanzó en 2016 ha permitido un intercambio de experiencias identificando más de 200 iniciativas.

También con el concurso de la UNICAUCA, el Colegio Mayor, Escuela Taller, Universidad Cooperativa, Universidad Autónoma, Universidad Indígena-AIIN, Alcaldía de Popayán, y de decenas de organizaciones sociales y de víctimas, se viene gestando la creación de centros de memorias diversas con sedes en varios municipios y un espacio central en Popayán.

Son dos caminos para escoger: el de abordar la situación creada como un asunto de seguridad y orden público o entender que se tiene una oportunidad excepcional para proyectar a Popayán y al Cauca como territorio de encuentro de las culturas, de respeto a la diversidad y de reconocimiento a la deuda histórica con la dignidad de los pueblos originarios. El primero es la ruta de la destrucción y ya está propuesta desde el racismo y la discriminación. El segundo es el de la creación y es un reto a la imaginación para construir lo que el Rector José Luís Diago convoca con el nombre de territorios de paz.