Columna de Opinión

En este país quien abre los ojos puede perderlos: “Esta es la triste historia de cómo perdí mi ojo izquierdo”

En este país quien abre los ojos puede perderlos: “Esta es la triste historia de cómo perdí mi ojo izquierdo”

Entrevista a Juan David Villa

Por. Leonardo González Perafán

Indepaz

Es la primera vez que Juan Villa da una entrevista desde ese fatídico 14 de mayo del 2021. Se activa la cámara y empieza la video llamada… Aparece su imagen, el parche en el ojo es la huella que recuerda que en este país quien abre los ojos puede perderlos.

89 personas han sido lesionadas en los ojos en el marco del paro nacional. Juan David, un joven músico y deportista de 26 años es uno de ellos. Su caso fue presentado ante la CIDH en su reciente visita a Popayán, ciudad donde un policía del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) le disparó.

Un poco nervioso, mascando chicle y sin dejar de tocar su gorra, cuenta con su acento característico “muy de PopayáM”, que es graduado de una tecnología del SENA en audiovisuales, pero que su verdadera pasión siempre ha sido la música.

Sus padres se dedican a la música; dan conciertos en diferentes ciudades y países; con la pandemia todas esas actividades se suspendieron, por lo que tuvo que ayudarlos a montar un café en el centro de la ciudad blanca.

Como ese niño que no se quiere tirar del trampolín se dispersa en una conversación que va de un lado para otro… sabe que no hay marcha atrás, entonces, me mira y se la suelto:

– Bueno Juan, ¿qué paso el 14 de mayo del 2021?

Hace una pausa como tomando impulso, mira arriba tratando de buscar las palabras respira profundo y me relata el contexto con tanto detalle como si fuera un gran cronista:

– En este marco de la marcha y la protesta social de este año, yo he salido muchas veces y he estado acompañando a la gente de la universidad, de las comunas, a los campesinos que vinieron a Popayán. He estado dando mi apoyo a los chicos que han tenido enfrentamientos con el ESMAD y la policía brindándoles primeros auxilios o cuando están gaseando echarles leche, vinagre y eso siempre me ha gustado… apoyar a los chicos. Yo no soy de los que vaya a echar roca, afirma con ceño fruncido, no soy de primera línea pues realmente me gusta más bien quedarme atrás apoyándolos. Aunque el día que activaron las Venom en Popayán yo estaba muy cerca de un muchacho que tenía un escudo y una bala rompió el escudo y le golpeó la pierna. Logré auxiliarlo y por fortuna no pasó a mayores…

Eso fue exactamente el día anterior a lo que me sucedió. Pues por esos días estábamos muy indignados por la historia de Alison[1], una jovencita que sufrió de una afectación sexual que tuvo en la URI. Ella vivía muy cerca a mi casa. Ese 13 de mayo fui a una velatón por ella en el barrio y eso me dio muy duro, amanecí muy enfermo porque estuvimos en esa actividad hasta altas horas de la noche.

Al otro día pretendía ir a la marcha, pero no pude ni levantarme de lo enfermo que estaba; ya al finalizar la tarde me bajó la fiebre y empecé a ver unos videos en vivo de la marcha y me indigné mucho porque en la protesta por la muerte de Alison mataron a otro vecino[2]… un policía le disparó a Sebastián en el cuello con una de esas balas que estallan y a mí eso me dio muy duro, me dio en el corazón… lloré bastante por él.

Decidí en la noche encender una vela por él en un plantón, pero antes le dije a un amigo que me acompañara a comprar una pastilla porque estaba muy maluco (sonríe con picardía Juan). En ese momento me llama una amiga y me avisa que por mi casa hay problemas, pero yo lo veía todo muy tranquilo. Cuando salimos nos dimos cuenta que todo estaba muy solo y se sentía la tensión. Buscamos una droguería, pero todas estaban cerradas. Cuando llegamos al polideportivo que queda cerca del CAI, estaba súper lleno. Uuuff ese momento fue más indignante porque además de estar la familia, había una carpa afuera llena de gente pues ahí lo iban a velar, sin embargo, la policía estaba cerca gaseándolos a todos. Yo miré esa escena y me indigné más. Pero le dije a mi amigo que nos fuéramos pues había mucho policía y da miedo hoy en día encontrarse a un policía en la calle pues uno no sabe en qué momento lo golpean por que sí.

Entonces nos devolvimos y estaba a una cuadra de mi casa, pero en la esquina estaban los disturbios. Cuando íbamos llegando yo le decía a mi compañero que me daba miedo y nos podía pasar algo ya que no se veían los de Derechos Humanos ni la brigada de salud. Cuando iba llegando a la casa empecé a gritarle a los vecinos “vecinos saquen la olla, saquen la cacerola porque esto no puede seguir así, nos están matando…” yo siempre tengo como esa voz de estar animando a la gente, afirma con una voz orgullosa, y los vecinos correspondieron.

Justo antes de llegar a mi casa había dos niños en la calle y en ese momento los del ESMAD gasean por todo el barrio, en plena zona residencial sin importarles que estaban los niños. Incluso uno de los gases cayó cerca de los niños, yo lo cogí con la chaqueta y lo tiré hacia un lote vacío. La gente me dio leche y mi compañero se fue por para otro lado por la cantidad de gas. La policía seguía gritando y desafiando a la gente del barrio. Decidí irme directo a mi casa, pero mientras cruzaba una esquina volteé a mirar a la izquierda y como a unos 3 metros alcancé a ver a un policía… él fue el que disparó… fue en cuestión de segundos que cuando volteo la cabeza él me impacta en la cara. Y es que estaba muy cerca, yo preguntó ¿por qué no me disparó al pecho? o ¿por qué no me disparó a las piernas? Pero se ve bastante esa intención de hacer daño grave pues todos tiran a la cara.

Yo estaba preocupado porque no había brigada de salud o Derechos Humanos cerca, pero justo que pasa esto, y como arte del cielo, apareció la brigada de salud a atenderme. Preciso quien me atendió fue un chico a quien el día anterior habíamos ido con mi mamá a darle un dinero por ser una de las personas de la brigada de salud. El me atendió, pero en ese momento no me reconoció por el impacto. Yo creo que por la adrenalina no me desmayé, y la principal preocupación que tenía era; ¿y ahora qué le digo a mi mamá y a mi abuela? Pues se supone que yo estaba enfermo y por eso no había salido…

– ¿Con qué arma dispararon?

– El me dio con una de perdigones que son bien grandes y la afectación fue bastante. El video no lo había visto sino hasta la semana pasada y es muy fuerte la verdad… es bastante fuerte cuando me impacta y pues tengo el rostro bastante afectado.

– ¿Qué sucede después?

– Un vecino llamó a mi tío y me llevaron al hospital, me atendieron rápidamente y me vio el oftalmólogo y otros especialistas, me hicieron un tac, me hicieron varias pruebas, el médico me preguntaba que si veía la luz… y yo le dije no. Y… y me dio el diagnóstico.

Juan hace una pausa para limpiar sus lágrimas y con una sonrisa leve… continúa

– Pero bueno aquí estamos vivos porque hubiera sido unos centímetros atrás, me pega en la cien y me mata; hubiera dado en el cuello y me mata…habría podido dar aquí (señala donde nace el tabique) y me saca los dos ojos… Dios es muy grande y aquí me tiene contando la historia.¿Qué ha pasado desde ese día?

– Los primeros días fueron muy oscuros, yo me encerré y no quería saber nada de nadie, me desconecté del mundo. No me interesaba nada. Estaba muy reacio a la existencia del vivir… hasta que llegó el rector de la Universidad del Cauca, donde estudié y… (cierra los ojos, hace una larga pausa) ese señor me trajo a la vida otra vez. Él tiene un gran don de servicio, me hizo como una liberación y fue total calma para mí. Me brindó una gran ayuda y apoyo para el café, especialmente sicológica con la universidad… y de ahí en adelante el apoyo de la gente ha sido espectacular y eso es lo que hoy me tiene firme porque no me siento solo. Viajaré a Bogotá a buscar la prótesis ocular. Esto definitivamente ha sido un renacer para mí.

Yo hoy ya perdoné, no vivo con rencor y mi corazón está tranquilo. Lo que me pasó a mí no se lo deseo a nadie; ni al mismo que me disparó, que tampoco me interesa saber quién fue. Yo sé que Dios es justo y él ya se encargará de hacer su justicia divina.

Una lágrima asoma y con voz entrecortada dice: “Esta es la triste historia de cómo perdí mi ojo izquierdo”

[1] Alison Salazar era una joven quien luego de ser agredida sexualmente por la policía al ser detenida el 13 de mayo, decidió suicidarse (ver: https://www.semana.com/semana-tv/vicky-en-semana/articulo/lo-que-paso-entre-alison-y-el-esmad-en-popayan-en-tesis-de-la-abogada-lizeth-montero/202126/)

[2] Sebastián Múnera, 22 años. Asesinado por el ESMAD el 14 de mayo del 2021 en Popayán. Estudiante de Ingeniería informática (ver: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/sebastian-munera-el-joven-que-murio-durante-las-protestas-en-popayan-588825)

Foto: 15 de mayo de 2021
Foto durante la entrevista
10 de agosto de 2021- Juan con el equipo de Ultimate