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ELN: CONVERSACIONES PARA UNA PAZ MÁS COMPLETA

Oct 14, 2016 Camilo Gonzalez Posso

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Con el inicio de las conversaciones formales entre el gobierno y el ELN se debilita el argumento de quienes promovieron el rechazo a la refrendación del acuerdo diciendo que con su vigencia o sin ella Colombia seguiría en guerra. En muchas partes para promover el NO regaron rumores de diverso calibre: “El ELN seguirá con los negocios que dejan las FARC”, “ya se están cambiando brazaletes”, “no es cierto que estemos ante la posibilidad de la paz porque allí quedan el ELN y las BACRIM”.

Después de tres años de conversaciones exploratorias se definió la agenda de esas conversaciones que se iniciarán en Quito y podrán avanzar en Venezuela, Chile, Brasil y Cuba.

El contenido y la metodología de la agenda que van a desarrollar el gobierno y el ELN difieren en sus enunciados de la que sirvió para construir el Acuerdo Final en La Habana aunque tienen asuntos comunes. Esa realidad descarta la visión facilista de pedir que el ELN se pliegue o acepte de entrada sumarse al otro proceso y mucho menos tener una sola mesa. La idea de unos diálogos ininterrumpidos y de celeridad en el desarrollo de la agenda, es posible que se apoye en la experiencia y documentos que sirvieron de insumo a las conversaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC, pero es necesario e inevitable que en Quito se tomen su tiempo sin ignorar los plazos políticos de este gobierno.

La pretensión del nuevo proceso es contar con una amplia participación de la sociedad en un diálogo multiactores: un “sancocho nacional” dice Víctor de Currea-Lugo. Las llamadas “mesas sociales” regionales y mecanismos de construcción de consensos intersectoriales son ejemplos de los instrumentos participativos que están por delante de ese nuevo espacio de pacto de paz.

El momento que vive el país de clamor en contra de la guerra indica la conveniencia de empezar estas conversaciones de paz en un ambiente de desescalamiento, de acuerdos humanitarios que alivien la situación de las comunidades en los territorios de operaciones militares y que lleven de entrada a diálogos en condiciones de cese al fuego y de hostilidades.

La instalación de la mesa de conversaciones formales en Quito es un aliento extraordinario a la esperanza de paz en Colombia y otro factor para la refrendación del Acuerdo Final y definitivo que se está ajustando después del fallido Plebiscito del 2 de octubre. Y será un motor de la movilización y la participación social con la perspectiva de una paz más completa.