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La revuelta del voto en blanco y de la abstención

Jun 11, 2018 Camilo Gonzalez Posso

La revuelta del voto en blanco y de la abstención

Camilo González Posso

Lo nuevo del panorama electoral después de la primera vuelta es el viraje de sectores entusiastas de jóvenes y de la franja pacifista, verde y anticorrupción en apoyo a la candidatura de Gustavo Petro. La generación de internautas irreverentes irrumpe con su lenguaje fresco y rebelde que se mete hasta el último rincón. Los verdes y el Polo Democrático, acompañados de personalidades simbólicas de una ética democrática y de ruptura con las mafias y las maquinas de violencia han tenido un papel central en la convocatoria a esos millones de votantes que en estos días están definiendo su opción. Ángela María Robledo ha crecido como referente de paz, decencia, trasparencia y defensa de los derechos de la mujer y de la diversidad.

Al lado de Álvaro Uribe y su candidato Iván Duque se han alineado los doctrinarios de la ultraderecha, neoconservadores radicales, partidarios de refundar el Estado y grupos de interés que quieren defender formas de captura de rentas del Estado y de legalización de privilegios adquiridos en medio de la violencia generalizada por décadas. A ellos se suman no solo quienes quieren garantía de impunidad y silencio sino también grupos que defienden el statu quo y temen hasta pequeños cambios que pueda introducir Petro; se agregan ciudadanos que vivieron la dolorosa experiencia de la violencia guerrillera y quieren retaliación con mano dura y castigo sin contemplación a sus victimarios. Es este conglomerado primero está la seguridad y el negocio que los pactos de paz.

En esta polarización, el resultado final del reacomodo que se está operando depende en buena parte de la opción que tomen quienes piensan salir de la abstención y de quienes votaron por un centro el pasado 27 de mayo y se inclinan por el voto en blanco o la abstención; entre estos están los fajardistas triple A, liberales socialdemócratas y otros que están hastiados con Gaviria y sus maniobras de dinasaurio y algunos seguidores del santismo que piensan que lo trascendental es defender las conquistas de los acuerdos de paz.

En ese conjunto aún indeciso no se cuentan los que ya se definieron por el voto en blanco para indicar que no están de acuerdo con ninguno, ni los que prefieren no pronunciarse para no dañar sus relaciones de negocios o el posicionamiento político en el medio en que se mueven. Pero también está el pequeño núcleo de opositores a ultranza que consideran al uribismo como una mafia peligrosa y a Petro como un caudillo impredecible y punto; los ideólogos de esta sólo aceptan como puros a aquellos que se identifican con sus ideas que autoproclaman las sabias y verdaderas. Son fanáticos de si mismos.

Caso aparte es el de Humberto de la Calle. A esta hora todavía se especula sobre la postura que en definitiva va a asumir. Por lo pronto ha dicho que no ve futuro democrático y en paz con el uribismo en el poder y lo que no se entiende entonces es porqué le deja la puerta abierta al voto en blanco. Disciplinarse a Gaviria en cualquier caso, pero sobre todo en el del ExVicepresidente De la Calle, sería vergonzoso cuando el único norte que lanzó como jefe de la campaña liberal fue el llamado a enterrar al candidato propio y a prepararse para negociar puestos y contratos con Uribe/Duque. Gaviria lleva al partido liberal a su marginalidad convertido en símbolo de largartería y corrupción. Humberto De la Calle, que es un liberal social y personada inteligente no le teme a Petro por todos los fantasmas vendidos por el uribismo sobre el peligro castrochavista, con expropiación y persecución a la empresa privada; sabe que doctrinariamente Petro es un liberal socialdemócrata con un perfil similar al que para este prototipo describió Roudolf Hommes en su columna; sabe que si se acerca un poco a Petro reconoce que es el más claro defensor del Estado Social de Derecho delineado en la Asamblea Constituyente que hoy amenaza con desmontar el uribismo y su Estado Comunitario al servicio de la Cleptocracia.

Humberto de la Calle sabe que con un gobierno de Gustavo Petro tendrá otros puntos fundamentales de coincidencia como la defensa de la paz y que podrá ejercer la oposición, si es su deseo, sin ser estigmatizado y sin que se desconozca su histórico aporte a los Acuerdos de Paz. En cambio si se queda en el voto en blanco en realidad le hace el favor al candidato de Uribe que hoy hace cálculos y prende velas para que Fajardo siga en blanco y De la Calle amarre a los liberales decentes que nunca votarían por Duque y de los cuales solo esperan que voten en blanco o se queden en su casa el 17 viendo los partidos de futbol. Después del favor recibido los poderosos que rodean a Duque intentaran agradecerle con algunas asesorías o con invitaciones a cocteles mientras se ocupan de hacer trizas lo acordado en La Habana.

El fajardismo triple A y el voto en blanco de los fanáticos a ultranza puede llegar a 500.000 votos, a los que se sumaran los votos en blanco de los acomodados y los de otros ciudadanos que simplemente no se deciden o tienen reparos a Duque y a Petro que no les permiten un razonamiento pragmático del mal menor. Los especialistas en hacer globos con cifras estiman que el total en blanco está entre un millón y millón y medio de votos y que la votación total rondará los 19 millones. Una franja de los votantes en primera vuelta pasará a la abstención y otra más o menos equivalente se moverá de la abstención al voto dentro de los cuales sólo una minoría quedará en blanco pues el motor para ir a la urna no es dejar constancia de inconformidad o indecisión.

La campaña de Duque y Marta Lucia hace cuentas de 9 millones como base de sus votantes sumando los fieles de la primera vuelta y los apoyos conservadores y desde las maquinarias del Gavirismo y sectores del partido de la U y Cambio Radical. Por el lado de Petro y Ángela María se percibe un crecimiento que faltando una semana para el día D ronda el 40% de modo que en la recta final será definitivo que se reduzca el voto en blanco de los centristas que rechazan más a Uribe/Duque que a Petro y que la franja que se mueve desde la abstención lo haga mayoritariamente por la fórmula de Colombia Humana.

Gustavo Petro sigue haciendo una campaña extraordinaria, inteligente, que ha mostrado en sus intervenciones hacia la segunda vuelta que sólo es amenaza para los corruptos y los negociantes desde la violencia; con el acuerdo firmado en mármol con Antanas Mockus y Claudia López, respaldado por Ingrid Betancout, Antonio Navarro y demás personalidades verdes y anticorrupción, Petro ha reafirmado su capacidad de diálogo, de llegar a acuerdos y de tranquilizar a contradictores que contra toda evidencia siguen pensando que están ante un peligro de estatismo o de caos.
La última palabra para definir ese 10% que falta en las cuentas la tendrá el voto joven, el voto de opinión de clase media, la inclinación de los indecisos. Y será decisivo también que se vigile el conteo de votos y los sistemas que ya mostraron en el pasado que con el fraude pueden inclinar la balanza final.

Es la hora nona y se están escuchando voces que ayudan con su fuerza moral, como las de periodistas e intelectuales destacados, de mujeres y comunidades étnicas que están saliendo de la historia del horror, víctimas que no quieren que la historia se repita, empresarios que le apuestan al juego limpio en el mercado y a que se derriben carteles oligopólicos y maquinarias que se reparten subsidios, contratos y riquezas. Desde el fondo se sienten las voces de los jóvenes que irrumpen en las redes y por todas partes abriendo camino a la imaginación y al sí futuro: sí a la revuelta en la segunda vuelta.

camilogonzalezposso@gmail.com Bogotá D.C. 10 de junio de 2018.